lunes, 22 de septiembre de 2014


Por María Teresa Andruetto: “Lo que escribimos es siempre fruto de nuestro tiempo, de nuestra sociedad, de nuestra experiencia, de nuestra geografía, de la particular construcción que del lenguaje de todos hizo la sociedad a la que pertenecemos. Lo es no tanto por las peripecias que narramos sino sobre todo —si hemos sido honestos con nuestras búsquedas— por el particular uso que hacemos de la lengua que es donde se reflejan nuestras convicciones y nuestras contradicciones, nuestro conocimiento y nuestra confusión, nuestras pulsiones y nuestras reflexiones, en fin nuestra subjetividad en toda su incandescencia.”

4 comentarios:

  1. "...Iba a la escuela cada mañana, y
    en el recreo largo, me sentaba en un banco de cemento, en el patio, y les contaba a mis compañeras de
    entonces algo que había leído el día anterior, una historia que alargaba o modificaba a mi antojo, para
    agregar suspenso o acabar a tiempo para regresar al aula. Ellas no sabían que esas historias no me
    pertenecían, que se trataba de episodios robados a los libros, y yo sentía por eso una inmensa
    vergüenza, pero lo mismo contaba, como un vicio cuya marcha no podemos detener, yo contaba. Lo que
    no sabía era que en aquellas historias narradas para que me quisieran mis compañeras de grado, yo
    estaba ejercitándome ya en esta pasión, en este delicado hacer, en esto que Abelardo Castillo llama el
    oficio de mentir".

    María Teresa Andruetto

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