lunes, 4 de julio de 2016


A PROPÓSITO DE LA PELÍCULA 
"LOS NIÑOS DE IRENA SENDLER"

LOS CHICOS INVESTIGAN: 
Auschwitz: El campo de concentración de Auschwitz (en alemán: Konzentrationslager Auschwitz) fue un complejo formado por diversos campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi situado en los territorios polacos ocupados durante la Segunda Guerra Mundial. Comprendía Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau- de concentración y exterminio), Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo para la IG Farben) y 45 campos satélite más.

Situado a unos 43 km al oeste de Cracovia, fue el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo, donde se calcula que fueron enviadas cerca de un millón trescientas mil personas, de las cuales murieron un millón cien mil, la gran mayoría de ellas judías (el 90 %, aproximadamente un millón), prisioneros de guerra, etc.1

Campo de exterminio de Treblinka:  Treblinka fue un campo de exterminio construido por los nazis, cerca de la aldea polaca de Treblinka al noroeste de la Polonia ocupada por los alemanes, como parte de la Solución final, el aniquilamiento sistemático de judíos y otros grupos.

Estuvo funcionando desde julio de 1942 hasta noviembre de 1943 durante Segunda Guerra Mundial. En total unas 780 000 personas fueron asesinadas en Treblinka, la gran mayoría judíos polacos, entre ellos unos 265 000 procedentes de la liquidación del gueto de Varsovia.1 2

BIOGRAFIA: Irena Sendler o Sendlerowa (Otwock, Varsovia, 15 de febrero de 1910 - Varsovia, 12 de mayo de 2008), conocida como “El Ángel del Gueto de Varsovia”, fue una enfermera y trabajadora social polaca católica, que durante la Segunda Guerra Mundial ayudó y salvó a más de dos mil quinientos niños judíos prácticamente condenados a ser víctimas del Holocausto, arriesgando su propia vida. Fue candidata al Premio Nobel de la Paz en 2007, aunque finalmente no resultó elegida. Sin embargo, fue reconocida como Justa entre las naciones y se le otorgó la más alta distinción civil de Polonia al ser nombrada dama de la Orden del Águila Blanca.
Irena Sendler nació como Irena Krzyzanowska el 15 de febrero de 1910, en Varsovia. Su padre, Stanisław Krzyżanowski, era un médico reconocido. Desde su infancia, Irena sintió simpatía por los judíos. Su padre falleció en 1917 a causa de un tifus contraído al tratar a varios pacientes rechazados por sus colegas: muchos de esos pacientes eran judíos. Tras su muerte, los líderes de la comunidad judía ofrecieron pagar los estudios de Irena. En la Polonia de pre-guerra, Irena se opuso al sistema de discriminación adoptado por algunas universidades, como resultado de lo cual fue suspendida en la Universidad de Varsovia durante tres años.

Segunda Guerra mundial

Irena Sendler en 1942
Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual llevaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia, e Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Ella misma lo cuenta:

Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto.
Irena Sendler

Niños judíos en el Gueto de Varsovia.
Cuando Irena caminaba por las calles del gueto, llevaba un brazalete con la estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. Lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él. Muchas madres y abuelas eran reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para ellos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en el verano de 1942, consiguió rescatar a más de 2 500 niños por distintos caminos: comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo tipo de subterfugios que sirvieran para esconderlos: sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes... en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.

Entre los miles de niños y bebés rescatados, uno de los ejemplos que pasó a la posteridad fue el de Elzbieta Ficowska. Ella tenía cinco meses cuando una colaboradora de Sendler le suministró un narcótico y la colocó en una caja de madera con agujeros para que entrara el aire. Fue sacada del gueto junto con un cargamento de ladrillos, en un vagón traccionado por un caballo, en julio de 1942. La madre de Elzbieta escondió una cuchara de plata entre las ropas de su bebé. La cuchara llevaba grabado su apodo, Elzunia, y la fecha de nacimiento: 5 de enero de 1942. Elzbieta fue criada por la ayudante de Sendler, Stanislawa Bussoldowa, una viuda católica. Ficowska dijo más tarde que la fallecida Bussoldowa fue su "madre polaca", para distinguirla de su "madre judía". Durante meses, la madre de Elzunia llamó por teléfono para escuchar los balbuceos de su hija. Muertos sus padres en el gueto, la joven salvada Elzbieta Ficowska fue años después conocida con el apodo de "la niña de la cuchara de plata".


Poster nazi en alemán y en polaco (Varsovia, 1942). En él, se amenaza de muerte a cualquier polaco que prestara ayuda a los judíos.
Irena quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales y sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.


LA NIÑA DE LA CUCHARA DE PLATA

Elzbieta Ficowska, nació en el gueto de Varsovia como Elizabeth Koppel, el 5 de enero de 1942. Su madre, Henia Rochman (Rohman) Kopel era una mujer joven, probablemente rozaba los 24 años cuando nació Elzbieta. Su padre, Izrael Hosef Kopel (Josek Koppel), era mucho más mayor que su esposa y originario de Nowy Dwor, una localidad cercana a Varsovia donde nació el 15 de mayo de 1893. Izrael Josef Kopel era el hijo de Fajvel y Kopel Chana residentes en la ciudad de Varsovia. El abuelo materno de Elzbieta era Aron Pejsach Rohman, dueño de una curtiembre en Wolomin, un pueblo cerca de Varsovia. Su padre también fue dueño de una curtiduría en la misma ciudad. Toda esta información fue reunida por Elzbieta, en los últimos años por un acuerdo de arrendamiento de la curtiduría existente entre Izrael Jozef Kopel y el señor Bischoff, además reclutó los restantes testimonios a través de su niñera polaca, su madre polaca, y su tío abuelo materno que emigró a los EE.UU. antes de la Segunda Guerra Mundial.
Zegota, fue un movimiento clandestino polaco también conocido como el Consejo para la Ayuda a los Judíos. En la vida de Elzbieta, dicha organización desempeñó un papel importante. En ella trabajaba Irena Senlerowa (Jolanta), (conocida como Irene Sendler), una trabajadora social y jefa de la sección infantil, que con su labor ayudó a evacuar a más de 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia. Estos se encontraban sin ayuda condenados a una muerta indudable. Los pequeños fueron escondidos en los orfanatos, conventos, escuelas, hospitales y viviendas particulares, proporcionándole una identidad nueva, quedando cuidadosamente recogidos los nombres originales a través de unos códigos que solo ella entendía. Así, podrían lograr los familiares sobrevivientes del gueto encontrar a los niños una vez finalizada la guerra. Arrestada y condenada por la Gestapo en el otoño de 1943, Senlerowa fue condenado a muerte, pero la organización Zegota la rescató antes de la ejecución. Ella asumió una nueva identidad y continuó su trabajo en la clandestinidad.

Elzbieta fue uno de los tantos niños que fueron salvados del gueto de Varsovia. Contaba cinco meses cuando una colaboradora de Sendler le suministró un narcótico y la metió en una caja de madera con agujeros para que entrara el aire. Él bebe fue sacada del gueto en un carro tirado por un caballo, junto con un cargamento de ladrillos, manejado por el hermanastro de su madre que era constructor y contaba con un permiso para entrar en el gueto. En la caja con ella iba una cuchara de plata con el nombre grabado “Elzunia” y su fecha de nacimiento: 5 de enero de 1942. A partir de ese momento comenzó para ella una feliz y, como se vio después, una vida segura.

Inicialmente fue colocada temporalmente con Stanislawa Bussold, una viuda de 60 años de edad y partera de profesión. Stanislawa decidió mantener al bebé, después de tener conocimiento sobre el estado de salud de la mujer seleccionada que efectuaría la larga acogida de la pequeña. Esta sufría como tantas otras personas por aquella época de tuberculosis.

Esta partera diligente ayudaba a las mujeres judías en el momento del alumbramiento, al igual que en la colocación de los niños con las familias polacas. Pasado un corto tiempo y por temor a la curiosidad excesiva de sus vecinos, Stanislawa contrato a una niñera, Janina Beciak, y la envió con Elzbieta a la localidad cercana a Varsovia, Michalin. Hasta hoy, Ficowska dice que la fallecida Bussold fue su “madre polaca”, para distinguirla de su “madre judía”. Durante meses, la madre de Elzunia, Henia Rohman, llamaba por teléfono para  escuchar  los balbuceos de su hija y asegurarse que se encontraba en buen estado. Poco después, ella y su marido perecieron en el gueto.

La niñera y Elzbieta se ubicaban a diario cerca del camino por donde transcurría el abuelo, Aaron Pejsach Rochman, de la pequeña cuando se dirigía fuera del gueto escoltado por los alemanes para realizar el trabajo forzado. Ella fue quien le comunico que la criatura iba a ser bautizada. El abuelo le preparo un traje blanco y una pequeña cruz de oro, que le fue entregada. Muchos años después, recordaba Janina las palabras del abuelo sollozante: “Elzunia jamás volverá a ser nuestra”.

Elzbieta se crió en la casa de su madre polaca, cuando a la edad de 17 años empezó a hacer preguntas. Los hechos salieron lentamente, y Elzbieta fue incorporando la información recién aprendida en su vida. Hoy en día está casada con un escritor de renombre polaco, Jerzy Ficowski y es madre de dos hijos. En la entrega de unos premios, Elzbieta tomo la palabra y declaro: “En vista de la indiferencia actual, el ejemplo de Irena Sendlerowa es muy importante. Ella es como una madre para mí y para muchos de los niños rescatados”.

Éstas eran las palabras de una mujer, que de lo único que tenía certeza era que había nacido en el gueto, y cuyo certificado de nacimiento era una cuchara de plata donde figuraba una grabación con su nombre y fecha de nacimiento. Por lo demás, todo es incierto. Por ello se dedica a recabar la máxima información posible, a través de aquellas personas que aun guardan algún recuerdo de aquella época. A pesar del tiempo transcurrido, “no puedo abandonar la esperanza, de que alguien guarde una foto de mis padres. Tal vez esa persona no sepa que esos son mis padres, e igualmente sigo cualquier rastro por todo el mundo. He visto tantas fotos de judíos sin nombres en películas alemanas antiguas. A veces sucumbo en la ilusión, de que alguien reconozca a mis seres queridos, aunque me consta que eso es algo imposible”.

Una mujer, que a pesar de saber quién es continúa luchando por conocer más de sus raíces familiares. Es evidente, que el ser humano necesita conocer su procedencia para transmitir aunque sea únicamente de manera oral la historia familiar a sus descendientes. En el caso de los niños del Holocausto, este derecho se le fue robado a pesar de llamarse afortunados por haber escapado de la muerte. Otros no lo lograron y se les arrebato la vida por ser únicamente judíos, ya que no tenían la edad ni razón para haber cometido algún delito.


Camila Sánchez 5° A